Miércoles, 20 de mayo de 2026
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Diario Personal

La primera vez que entendí qué era un café

Un cuaderno, una taza derramada y la mañana en que todo cambió.

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Ximena Duque · 27 de febrero, 2026 · 4 min de lectura
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Recuerdo el lugar exacto. Un sábado de junio, una cafetería diminuta en La Candelaria, lluvia afuera y nadie adentro salvo el barista y yo. Pedí un filtrado porque era lo más barato. Me lo sirvió en una taza blanca, sin azúcar, sin leche, sin disculpa. "Espéralo dos minutos", dijo. "Lo vas a sentir diferente cuando enfríe un poco."

El primer sorbo no fue una revelación. Fue una pregunta. "¿Esto es café?". Tenía notas a mandarina, a panela quemada, a algo floral que no supe nombrar. Era dulce. Sin azúcar. Era ácido pero no agrio. Era ligero pero te llenaba la boca.

Esa misma tarde fui a la librería y me compré un cuaderno de tapa gruesa. Anoté lo que había probado, qué finca era, qué proceso. Lo busqué en el mapa. Era un café de Inzá, Cauca, de una mujer llamada Doña Marta, que llevaba doce años cultivando café orgánico en una ladera empinada.

Esa noche pensé que el café que me llegaba al supermercado había viajado por cinco intermediarios, había perdido el nombre de quien lo cultivó, había envejecido en un anaquel durante meses, y aún así pretendía llamarse igual que la taza que me había tomado a las dos de la tarde.

Hoy, años después, tengo este blog. Tengo cuadernos llenos de fincas, fechas de tueste, recetas que ajusto. Pero la mañana que cambió todo fue esa. La taza de Doña Marta, que ni siquiera supo que me había cambiado la vida.

FIN

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